Desafortunadamente hay un gran desconocimiento del cerebro, las emociones y la importancia del desarrollo social en los niños. La mente y el mundo socioemocional infantil tienen una estrecha relación con el bienestar de los más pequeños y sus familias. Aún así, la Salud Mental parece que queda relegada a un segundo plano. Cualquier problema se achaca enseguida a un malestar físico y no caemos en la importancia del plano psicológico. Desde la pandemia por COVID-19 la concienciación sobre este tema parece mayor, pero queda mucho camino por andar. Podríamos decir que todavía estamos gateando y que seguimos en pañales… ¡Cómo niños!
Este artículo os dará una base para conocer un poco más sobre el cerebro de los más pequeños. Su importancia en lo emocional y social. Además ayudará a entenderlos mejor y así poder reaccionar adecuadamente a las situaciones difíciles.
Habitualmente los padres os informáis sobre las dolencias y enfermedades de vuestros hijos. Gripe, gastroenteritis, dolor de oídos, etc. Conocéis muchas de las diferentes partes de su cuerpo y hasta cómo funcionan. También qué relación hay entre esas dolencias más comunes y su organismo. Es más, sabéis perfectamente para qué sirve un termómetro o a partir de qué temperatura se considera fiebre.
Haceros estas preguntas: ¿Qué información tengo sobre el cerebro de mi hijo? ¿Estoy bien informado acerca del mundo de la emoción en el niño? ¿Por qué son tan importantes a esa edad las relaciones sociales?
Cerebro infantil y sus funciones básicas
De una manera muy simple intentaré explicaros un poquito de anatomía y funciones cerebrales. Esta visión está basada en el libro “El Cerebro del Niño” [1] que nos intenta dar a conocer este órgano de una manera sencilla.
Organización cerebral izquierda y derecha
Nuestro cerebro está dividido en dos hemisferios. Son como sus dos lados: hemisferio izquierdo y derecho. Además de tener funciones diferentes, también están separados anatómicamente.
El lado izquierdo es más lógico y es lado del lenguaje, mientras que el derecho es más emocional. Es importante conocer que el lado derecho es el más influyente en los más pequeños. Siendo así, con pocos años no podemos esperar mucha lógica y que entiendan nuestras posturas adultas. Más bien, somos los más mayores los que tendremos que ponernos a su altura y entender que el cerebro derecho, emocional y visceral, está predominando en ese momento evolutivo. El presente domina y su lenguaje todavía no les permite expresar bien lo que sienten.
Organización cerebral arriba y abajo
Por otro lado, existe una organización cerebral arriba-abajo. Esta parte de abajo es la más arcaica y se ocupa de las funciones básicas (p.ej. respirar). También se encarga de nuestras reacciones más innatas (p.ej. huir del peligro) y de las emociones fundamentales para nuestra subsistencia (p.ej. el miedo).
La parte de arriba está más evolucionada y nos permite una visión más amplia. Desde arriba podemos asumir el control de la parte más baja: característica plenamente humana. Aquí llevamos a cabo los procesos mentales más complejos: pensamiento, imaginación, planificación, resolución de problemas, autorregulación emocional, empatía, ética, etc.
Al nacer la parte de de abajo está completada y a pleno funcionamiento, pero la de arriba está en construcción… Podéis imaginaros que es como una planta en obras y que no estará al 100% construida hasta que pasen 18-20 años desde su inicio.
Nuestra nuez más preciada: “el cerebro del niño”
No todo es tan simple: neuroplasticidad y responsabilidad
Por supuesto está es una idea muy básica de la organización cerebral y además las funciones descritas pueden ser asumidas por otras partes del cerebro. Una lesión temprana en el hemisferio izquierdo, por ejemplo, puede hacer que el hemisferio derecho asuma parte de las funciones deterioradas.
Además la plasticidad de nuestro cerebro hace que se pueda adaptar y reestructurar en cierta medida. A esto lo llamamos neuroplasticidad y demuestra que la carga genética heredada no lo es todo. Esta propiedad es la que nos permite cambios en nuestro cerebro, y lo más importante, en el de nuestros hijos.
Las experiencias moldean y configuran nuestro cerebro, es un órgano vivo. Sabiendo esto, tenemos una gran oportunidad, o responsabilidad, a la hora de proporcionar las vivencias adecuadas a los niños. No olvidemos que el cerebro, las emociones y el desarrollo social en los niños están en continua conexión con la experiencia vivida.
Tenemos que ser pacientes e intentar comprender esta evolución natural. Somos los padres los que debemos ayudarles a integrar poco a poco esta configuración anatómica y funcional. Sin descuidar su etapa de crecimiento, para así no pedirles lo que realmente no pueden conseguir.
El conocer este funcionamiento cerebral y su neuroplasticidad nos puede ayudar a entender un poco mejor la conducta de nuestros hijos. También cómo ayudarles a que estas partes funcionen en buena armonía.
Emoción y lógica en los niños
Las emociones de nuestros hijos más pequeños suelen imponerse a la lógica. Esta lucha continua entre lo visceral y la racionalidad muchas veces nos supera. Nuestra misión como padres es estar atentos a este lado más emocional y desde ahí ayudarles a retomar la calma.
No olvidemos que nosotros mismos, aunque normalmente con más control, nos vemos arrastrados por la ola emocional. Nuestro estado de ánimo puede influir en el de los niños. De esta manera, si queremos ayudarles en estas situaciones difíciles tendremos que mojarnos con ellos. Tenemos que entrar en su mar. Ayudarles a subir a la tabla e intentar surfear el oleaje de sentimientos.
Intentar luchar contra esa ola frente a frente, o ignorarla, puede arrastrarnos hacia su interior y perdernos en un mar de emociones. ¿Supongo que has probado a quedarte quieto frente al oleaje? Sientes toda su fuerza y puede contigo. Sin embargo, si la abordas por debajo, o navegas sobre ella, hay muchas posibilidades de salir airoso de la situación.
Una estrategia que podemos utilizar en estos casos es utilizar una paternidad más divertida. Podemos conectar con nuestro hijo desde las risas y el desenfado.
Cerebro social
Una de las grandes aportaciones de la neurociencia está relacionada con la hipótesis del cerebro social. Dumbar [2] se planteó por qué nuestro cerebro es más grande y tarda más en madurar que el de otras especies. La respuesta, nuestra gran necesidad de relaciones sociales, familiares y culturales.
Necesitamos relacionarnos y cooperar con los demás. Esto favorece nuestra supervivencia como individuos y especie [3]. Por eso nos compensa tener un cerebro que consume un 20% de las calorías ingeridas, aunque sólo suponga un 2% de nuestra masa corporal.
De esta manera, la configuración de nuestra mente es en parte fruto de las relaciones que mantenemos con los otros y nuestro propio yo.
Ahora podemos entender porque las relaciones que establecen los niños con los demás son tan importantes. La manera de interactuar con los demás se está forjando ahora, desde los pocos meses, y eso sentará las bases para su futuro. La calidad y cantidad de relaciones afectivas que podamos ofrecerles tanto padres como profesores, amigos y allegados, van a determinar diferentes aptitudes relacionales [1]:
- Comunicarse y escuchar con atención
- Interpretar la comunicación verbal y no verbal
- Compartir con los demás
- Empatizar
- Respetar
- Confiar en los otros
- Sentirse en conexión y comprendido
- Experimentar pertenencia de grupo
Estas experiencias que podemos fomentar en nuestros hijos nos ayudan a establecer una crianza en relaciones afectivas seguras. El amor, comprensión y sintonía con el niño serán el abono adecuado para que crezca con un apego seguro.
“Nuestros hijos no están solos, necesitan de los demás para desarrollarse en plenitud”
Conocer mejor el cerebro, las emociones y el desarrollo social en los niños, hará que mejoren las relaciones de los adultos con la infancia.
Si necesitas más información puedes enviar un correo a contacto@luisperrinopsicologo.com
Más información y bibliografía:
[1] Siegel, D.J. y Payne Bryson, T. (2011). El Cerebro del Niño. Alba.
[2] Dunbar, R.I.M. (1998). The Social Brain Hypothesis. Evolutionary Anthropology.
[3] Baumeister, R.F. (2005). The Cultural Animal: human nature, meaning and social life. Oxford University Press.






