Una de las experiencias más impactantes en nuestra vida es la pérdida de alguien a quién queremos.
La muerte es algo ineludible y por lo que todos vamos a pasar tarde o temprano. Aún así, parece que hablar del final de la vida es de mal gusto. Muchas personas prefieren mirar hacia otro lado y no conectan con la idea de la propia muerte y de la de los que nos rodean.
La vivencia del duelo es muy distinta en cada persona, pero si podemos hablar de unas etapas comunes a esas vivencias a través de las que ese proceso de dolor evoluciona. Estas etapas son las cuatro fases del duelo.
“La muerte forma parte de la vida y conocer su presencia nos prepara para el duelo.”
¿Qué es el Duelo?
El duelo es la respuesta natural de las personas a la muerte de un ser querido. Después del fallecimiento se produce una ruptura del vínculo relacional, del contacto con el otro, y posiblemente con nuestro interior. Esta pérdida puede afectar incluso a nuestras creencias, a nuestra espiritualidad, y en definitiva, a toda nuestra existencia. Como consecuencia de esta ruptura de la relación es normal sentir dolor emocional, estar tristes, enfadados, tener miedo y estar confundidos.
No sólo hemos perdido la relación con el ser querido, también podemos perder parte de la conexión con nosotros mismos. Siendo así, el duelo también supone una reestructuración interna del doliente.
El duelo es un problema sin solución para la persona afectada porque nadie va a devolverle el ser querido. Aún así, se puede paulatinamente ir aceptando la pérdida y afrontar el dolor de la falta del ser amado. Este camino arduo de la aceptación y de dar sentido a la pérdida, irá elaborando el duelo, e incluso puede aportar una nueva visión de nuestro mundo interno y del mundo que nos rodea.
Fases y tareas del duelo
Según la psicóloga experta en procesos de final de vida, Alba Payás Puigarnau, podemos hablar de cuatro fases por las que pasan las personas en duelo y de unas tareas a realizar en cada fase para que se afronte de forma adaptativa. Esta psicoterapeuta fue alumna de Elisabeth Kübler-Ross, pionera en los cuidados paliativos y en el modelo de fases de duelo.
En este modelo de cuatro fases del duelo no se puede marcar una duración concreta por etapa, e incluso, puede haber momentos en que se mezclen. Además, cada doliente tiene una historia personal, un contexto y una situación psicológica distinta. Y sin olvidar que no es lo mismo una muerte esperada, que una repentina o traumática. Tomemos estas fases como una manera de poder entender qué evolución suele llevar el proceso de dolor habitualmente.
Por otro lado, es crucial que entendamos que si bien la meta final es aceptar, dar sentido a la pérdida y afrontar al dolor, esto no suele ser posible en las primeras etapas del duelo. Para tolerar el dolor al principio es muy posible que se necesite evitar la realidad de lo ocurrido, o también, estar muy conectado al fallecido. Ejemplos de evitación serían las personas que desconectan, que están disociadas, ausentes, que incluso pueden creer que sigue viva la persona fallecida, y de hiperconexión, las que necesitan ir diariamente al cementerio o estar en continuo contacto con los recuerdos.
A continuación te explico las cuatro fases del duelo y sus tareas:
- Aturdimiento y choque. Es posible que no se pueda encajar lo que está pasando. La conmoción causada por la noticia de la muerte puede llevar a la confusión y a no creer lo sucedido. Son normales las reacciones de llanto, miedo y angustia. La tarea inconsciente podría ser desconectar del dolor porque se necesita una cierta anestesia, probablemente no se pueda procesar toda la información sobre la muerte del ser querido.
- Evitación y negación. La persona puede negar los hechos, minimizar lo ocurrido, sentirse culpable, estar enfadada e incluso mantenerse excesivamente activa. La tarea consiste en manejar el nivel de impacto emocional y graduar la aceptación de la realidad.
- Conexión e integración. Si las etapas anteriores se han ido resolviendo, se va estando más preparado para afrontar y asimilar la realidad. Se va conectando mejor con la muerte del ser querido y tolerando mejor el sufrimiento. Va apareciendo la necesidad real de hablar del fallecido, de cómo era, de lo que se le echa de menos. Si estas tareas no llegan a lograrse en esta fase hay probabilidades de que el duelo se complique y pueda cronificarse.
- Crecimiento y transformación. Es una reestructuración del mundo interno del doliente e incluso puede ser una oportunidad de crecimiento personal. Si se ha logrado una adaptación gradual y se consigue dar algún sentido a la pérdida, se está en el camino de elaborar el duelo. La tarea consiste en integrar la pérdida en la historia de vida personal. Esta etapa podría durar toda una vida y así confirmar lo que muestran numerosos estudios científicos: “el duelo no se cierra nunca”.
Cuando el duelo se complica
La experiencia de pérdida no tiene porque ser patológica y la mayoría de las personas pueden adaptarse a ella. Esto puede llevar un tiempo, desde unos meses, hasta quizás un año o más tiempo incluso, pero no podríamos establecer una duración límite. A este proceso normal lo llamamos duelo elaborado, en el que por supuesto hay dolor, pero el proceso de aceptación sigue su curso normal de las cuatro fases del duelo.
Sin embargo, hay casos en los que esta experiencia se hace mucho más compleja y podría ocurrir lo siguiente:
- ser incapaz de rehacer tu vida a pesar del tiempo transcurrido
- dificultades para sobreponerte al intenso dolor percibido
- pérdida del sentido de la vida
- problemas relacionados con la salud mental como ansiedad o depresión
- somatizaciones que convierten el dolor emocional en físico
- abuso de drogas, mayor consumo de psicofármacos, etc.
Cuando estos síntomas aparecen y se mantienen en el tiempo podemos hablar de duelo complicado o no resuelto. Aproximadamente entre el 8 y el 10% de las personas en duelo se ven en esta situación. Es aquí donde más se hace necesaria la ayuda psicológica.
Estas complicaciones en el duelo en muchas ocasiones también están ocasionadas por muertes no esperadas y en las que no se ha podido anticipar lo que va a ocurrir. Podría ser el caso de fallecimientos en la infancia o accidentes de tráfico, o laborales, que no permiten la misma anticipación de las consecuencias del suceso. Estos duelos también podrían denominarse traumáticos.
“El duelo supone un trabajo interior que puede acabar de elaborarse a través de la ilusión y esperanza respecto al futuro”
Si necesitas más información puedes enviar un correo a contacto@luisperrinopsicologo.com
Más información y bibliografía:
[1] Payás Puigarnau, A. (2010). Las Tareas del Duelo. Paidós.
[2] Mate Méndez, J. (2017). Al Final de la Vida, cuando el “Aquí y Ahora “no siempre es la mejor Elección. Revista Internacional de Investigación, Vol. 2.
[3] Benito, E., Barbero, J. y Donés, M. (2014). Espiritualidad en clínica. Una propuesta de evaluación y acompañamiento espiritual en cuidados paliativos. Nº 6. Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL). https://www.researchgate.net/publication/271517093_Espiritualidad_en_Clinic




